Contactos Nocturnos
De repente se vio a sí misma tirada en el suelo.
Desconsolada, su sombra no podía mas que cubrir sus heridas con su manto obscuro.
El reloj azotaba violentamente con sus manos la consciencia de ella, aumentando la intensidad de las punzadas que corrían por todo su cuerpo. Viéndose cuidadosamente, notó aquellas heridas en sus brazos, en sus piernas. Esos trazos de objeción marcados por grietas de sangre, moretones púrpuras y pesados, proclamaciones de rebeldía y mortalidad.
Se vio a sí misma desvanecerse, su sombra absorbida por el momento eterno. El reloj pronunció la hora del juicio. Sin duda fue tenaz aquel hilo que la sostuvo al borde del desquicio. Temerosa, miró hacia el vacío, y tal le replicó con el silencio de sus incertidumbres.
Poco a poco se fue sometiendo a su finalidad,
hasta que escuchó su corazón palpitar.
Se despertó.
Fue un sueño.
