Desvestido de mi orgullo,
una fila de atuendos me rodea,
aquellos tan brillosos botones,
aquellas tan firmes las telas.
Entre prendas me comprendo,
me embellezco y me detesto,
de mercante deshonesto,
de escritor espurio,
de amador perverso,
de creedor desconfiado.
En cualquier atuendo,
he de ser igual.
Frágil y resistente,
dúctil y terco,
desafiador y cobarde,
he de ser igual.
