Lucidez
Recordó una tarde diáfana y serena en la que se encontraba sentada en el pórtico del lugar que alguna vez llamó hogar. El sol le ofreció un cálido abrazo que la hizo sentir protegida. El aire, un sorbo de frescura y alivio.
A lo lejos, se veían aves volando con una dirección tan fija que parecían imparables. Esto la hizo pensar en sus tropiezos e indecisiones.
No muy lejos se encontraban más aves descansando en los árboles que rodeaban su vecindario, cantando a un ritmo melódico e invocando en ella una sensación de agrado y franqueza.
En ese momento, mientras acariciaba unas telas entre sus dedos, sus brazos extendidos dentro de un canasto de mimbre, se preguntó si alguna vez los pájaros se detenían a escuchar la prosodia habitual de los humanos.
¿Sentirán la misma alegría cuando nos escuchan?
Se distrajo con tan complicada pregunta que decidió mejor ver dentro del canasto, apreciando los colores de las prendas que lo embutían. De repente, se sumergió en una ola de añoranza al ver cómo el revoltijo de tintes ilustró un lienzo que le pareció como un paraíso olvidado.
Extendió su brazo hasta el fondo del canasto, hallando su dedo índice enfrentado a una aguja que lo pinchó.
Sintió dolor.
