Me quedo en el calor del pan tostado,
en el abrir de las persianas,
en el rocío de la llovizna,
en los bostezos del cansancio,
en las esquinas de tus sonrisas,
en el timbre y las alarmas,
y en las gotitas que suda el café de las mañanas.
Me quedo en los cabellos enredados del peine,
en los retratos polvorientos detrás de la vitrina,
en los artefactos de video de nuestras grabaciones,
y en el último sorbo del querido recuerdo.
En tus pensamientos anhelo quedarme,
ya que todo se descompone,
todo se destruye,
pero tú descuidas todo lo perturbable,
entonces déjame quedarme.
